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lunes, 9 de abril de 2012

El doctorado...

Manolete, álbum inédito (XXX)
   
Colección de Pepe Bejarano

En verdad no es una imagen inédita del diestro de Córdoba, todo lo contrario, tal vez sea una de las más reproducidas; lo que tiene de original estriba en la dedicatoria, que el paso del tiempo ha ido borrando, pero que todavía se vislumbra el trazo inseguro de la pluma a la altura de las medias de los matadores. Se puede leer: “Al buen aficionado José Mellado, su amigo Manuel Jiménez Chicuelo”. Así que el padrino de alternativa de Manolete viene del pasado para ilustrarnos uno de los momentos clave de la carrera artística del diestro de Córdoba: su doctorado.
Como sabrán los aficionados, ocurrió en la Real Maestranza un domingo 2 de julio de 1939. Como testigo actuó Rafael Vega de los Reyes, en los carteles Gitanillo de Triana. El toro de la ceremonia, del hierro de Clemente Tassara, se llamaba Comunista, de capa negra, pero por las circunstancias políticas del momento le fue cambiado por el de Mirador. Amantes de la letra pequeña de la historia: su cabeza se muestra en el museo taurino de Córdoba. No olvidemos otro testigo de ese ya lejano día, el fotógrafo Serrano, habitual en estas lides.
¿Y cómo iba Manolete? Pues el traje lo compró en la sastrería de Manfredi, entonces en la calle Jimios de Sevilla, de color heliotropo —una especie de rosa liláceo— y oro. Ese traje se encuentra hoy en la pequeña colección particular de los hijos de José Flores Camará, el que fuera su apoderado, en la finca Las Bernabelas, en el término municipal de Constantina.
Por cierto, fue la primera alternativa después de la Guerra Civil y Manolete, como de costumbre, le cortó las dos orejas a su oponente. Texto: Fernando Martínez.

viernes, 14 de octubre de 2011

Un capricho americano...

Manolete, álbum inédito (y XXIX)

Colección particular de Pepe Bejarano

El gusto por las nuevas tecnologías no es una moda actual. Ahí pueden ver a todo un torero embobado mirando una radio. Está Manolete en una estancia de su palacete de Córdoba, relajado, con su famoso batín, y tal vez se aprecie el cuello de un cómodo pijama. Tiene en la mano derecha un pitillo; la escena no puede ser más costumbrista. Sobre un aparador —se parecian recortes de prensa, fotografías y un barril de recuerdo que lleva su nombre, ¿un premio?— se ha posado un resplandeciente aparato de radio, que imita las formas de un maletín de viaje. 
El señor que aparece hacia la mitad de la instantánea es un buen amigo del torero, José Moreno Salinas, que también está asombrado ante el aparato, pues viene de Nueva York el último grito en radios domésticas. Es domingo un 23 de marzo de 1947, Manolete acaba de llegar de su gira americana. Pero, ¿quién hace la foto? Una vez más es su amigo Ricardo que, como dato anecdótico, ha tomado la instantánea desde una microcámara, otra de las novedades tecnológicas del momento. El diestro ha sido generoso con el fotógrafo, pues se la ha traído en persona desde el otro lado del Atlántico. Texto: Fernando Martínez.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Cantos de alondra...

Manolete, álbum inédito (XXVI)

Colección particular de Pepe Bejarano

Tal vez ésta sea una de las imágenes del álbum privado de Manolete y no del nuestro, que con el devenir del tiempo se han hecho públicas para el aficionado. Fue tomada en el verano de 1946, en el apacible manantial del río Valdefuentes. ¿Un posado? Se preguntarán algunos, pues alejados de nuestro presenten parecen mirar a la cámara como si se tratase del reportaje de una revista del colorín. Ahí, entre los juncos de la orilla vemos a Lupe Sino y al torero de Córdoba en actitud placentera y ensimismada. ¿Sonríe el diestro? Parece que sí, se le ve muy relajado en la finca de Fuentelaencina, en tierras de Guadalajara.
Manolete sigue en un punto hasta en los lugares más íntimos. Ni se despeina cuando está en bañador y mira con cierta inocencia al objetivo de la cámara. El dueño de la finca es el señor Juan Padilla, suegro de Luchy Bronchalo, hermana de Lupe Sino, pues se había casado con su hijo, que también lleva el mismo nombre. Estos empresarios, padre e hijo, se hicieron famosos por montar en Madrid una cadena de perfumerías, de las más afamadas de la capital. Lara, una vez más, es el fotógrafo que apretó el disparador en un lugar tan comprometido como el que vemos. Texto: Fernando Martínez.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La rúbrica del maestro...

Manolete, álbum inédito (XXV)

Colección particular de Pepe Bejarano

Poco son los datos que conocemos de esta imagen, lo único cierto es que se tomó en Madrid en 1947, a las mismisimas puertas de la sastrería de toreros de Juan Giménez "El Tortas", en el número 12 de la madrileña calle Prádos. el resto es pura literatura especulativa, así que comentemos lo que se aprecia a simple vista. Manolete utiliza el capó de su lujoso Buick para firmar un autógrafo, uno más en su larga carrera como matador de toros. Podemos saber que salía de tomarse medídas y escoger sedas y bordados para renovar vestuario, ya que la nueva temporada estaba a la vuelta de la esquina; ha sido abordado por los aficionados que, más preocupados de mirar a la cámara, obvian el acto ínitmo de la firma del autógrafo. 
El diestro luce unas prendas impecables. Se le ve relajado, sin prisas, tal vez por el hecho de no mirar al fotógrafo, pues puede tratarse de una cara familiar. La cara de asombro del chaval es muy auténtica, tan auténtica que da a entender que está junto a una aparición, a un Manolete tan irreal como en el que sale en los periódicos o en el NO-DO. Las señoras son elegantes, van a la moda, con el peinado arribaespaña, tan en boga en los cuarenta. Una escena íntima, alejada de la responsabilidad de los ruedos, de la soledad de la capilla y de las miradas del patio de cuadrillas. Texto: Fernando Martínez.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Dos genios inimitables...

Manolete, álbum inédito (XXIV)

Colección particular de Pepe Bejarano

Estamos ahora de aniversario, hace un siglo que nació Mario Moreno Cantinflas o, dicho de una forma más amable, habría cumplido el pasado veinte de abril cien años. No es posible que dos personajes como el diestro de Córdoba y el actor mexicano permanecieran aislados por el océano atlántico. Ahí los tienen, intercambiando impresiones en uno de los salones del hotel Reforma de la capital azteca durante la temporada de 1945. Un acta notarial nos gustaría poseer de estas charlas entre dos personas tan dispares y a la vez tan cercanas. Manolete sonríe a la cámara en un escorzo imposible y Cantinflas ameniza a la compañía femenina.
Su amistad comenzó mucho antes o, al menos, eso podemos pensar, pues en 1941 estrenó el actor mexicano Ni sangre ni arena, una parodia de las películas ambientadas en la Fiesta Nacional. En ella, Cantinflas es el vivo retrato de Manolete, el famoso torero. El diestro está invitado a la fiesta de Anita y Cantinflas quiere ir también. Manolete y su álter ego cómico viajan en el mismo tren, aunque éste último sin billete. Para escapar del revisor, Cantinflas roba la ropa de un viajero, que resulta ser Manolete. El verdadero diestro acaba en la cárcel, mientras Cantinflas es recibido con todos los honores en la finca de Anita. Como se pueden imaginar, los equívocos son muy recurrentes. Texto: Fernando Martínez

lunes, 5 de septiembre de 2011

Estado manoletista...

Manolete: álbum inédito (XXIII)

Colección particular de Pepe Bejarano

Toros y política, política y toros. Los tiempos han cambiado y la política (los políticos) no se hacen fotografías como ésta que ven a principios del siglo XXI. Damos por descontado que Francisco Franco era un político muy especial, por no decir que no era un político al uso. Manolete está a su derecha y mira de reojo tal vez a los fotógarfos o al resto de la comitiva que ha subido al palco de Las Ventas al conluir la corrida, pues el festejo se celebró el jueves 1 de junio de 1944 y llevaba en los carteles el apelativo de Corrida de Beneficencia.
Se lidiaron toros del hierro de Galache, y además del torero de Córdoba hicieron el paseíllo el rejoneador Álvaro Domecq, mientras que a pie actuaron Ángel Luis Bienvenida, Luis Gómez El Estudiante y Manuel Álvarez El Andaluz. Dos de los compañeros de cartel de Manolete miran con atención al jefe del Estado. Franco, que cierra ligeramente los ojos, parece que acaba de escuchar un comentario jugoso sobre las incidencias del festejo. Apretones de manos, saludos, guiños... Sólo unos pocos en España podían plantar sus pies en una cita social de esta altura. Manolete es uno de ellos. Texto: Fernando Martínez.

domingo, 26 de junio de 2011

El descanso del guerrero...

 

Manolete, álbum inédito (XXII)

Colección particular de Pepe Bejarano

¿Qué está leyendo Manolete? Sabemos hoy que era un gran lector e incluso dejó por ahí algunos textos, pues era una persona con tremenda curiosidad por la cultura. Leía libros de historia y, sobre todo, novelas, muchas novelas. Uno de sus escritores favoritos era el austríaco Stefan Sweig. Ahí le vemos tumbado en una hamaca y con los pies en alto sobre un silla de enea. Más tranquilidad para seguir las líneas de un texto es imposible conjuntar. A su izquierda la escena costumbrista, el perro que hace de guardés de la finca parace que le ha hincado un colmillo a una garrapata. Y sobre su cabeza, la imagen, eso parece, de la virgen de la Paloma.
¿Dónde se desarrolla esta imagen inédita de Manolete? Nos debemos situar en el verano de 1946, en una finca próxima a la localidad de Fuentelaencina, Guadalajara. Allí se fue a descansar junto a Lupe Sino y, de paso, se apuntaron su hermana Luchy Bronchalo y su novio, Juan Padilla. Este señor, hoy anónimo para nostros, era en la década de los cuarenta un floreciente empresario, pues poseía una importante cadena de perfumerías de la capital de España.
¿Qué hacía Manolete recluído en la finca? Juega a las cartas, al dominó, al fútbol con los niños en el pueblo, tomar chatos de vino a la sombra de una parra, ir de cacería con los vecinos, en fin, lo normal en unas vacaciones, sestear un poco. En esa finca se llevó buena parte de ese año, así como el verano de 1947. Guardaba su flamante Hispano Suiza en un corralón del farmacéutico del pueblo y amigo suyo, Adrián Ayala Plaza. Y si la calor apretaba, solía bañarse en la finca en una poza de agua clara o un manantial del río Valdefuentes.
¿Quién hizo tan bella fotografía? Pues aparece firmada por Lara, uno de los habituales. ¿Invitado de excepción? No sabemos si es, en terminolgía actual, un posado o una captura del diestro al natural. Hay un aspecto que parece invitarnos a pensar que no hay mucho espacio a la improvisación. Fíjense en la ropa que lleva el torero. Va hecho un pincel, como casi siempre. Texto: Fernando Martínez